—¡¿Quién eres tú?! ¿Es esto una m*****a broma?
Kate tenía una sonrisa socarrona en sus labios, lo mirò.
—Siéntate, querido papito, hablemos.
Bryce frunció el ceño, se sentó.
—Habla, dime, ¿Quién eres?
—Soy tu hija, padre, soy tu única hija.
Los ojos de Bryce volvieron a ensancharse, negó.
—¡Yo no tengo hijos! No sé quién eres tú, pero te garantizo que no eres nada mío.
Kate se quedó perpleja, había esperado por años enfrentarse a eso, esperaba que su padre la amara, como en sus sueños má