El señor Peterson subió a su auto, condujo, mientras escuchaba la grabación de la plática que había sostenido con el señor Bradley, asintió al aprobar que tenía las pruebas para hundir al último hombre que estaba detrás de la mala suerte del señor Ackerman.
—Otro caso resuelto, muy bien, debo enviar las pruebas al señor Ackerman.
Peterson observó que ya casi iba a oscurecer, decidió detenerse a un lado de la carretera desolada.
Escribió un correo electrónico, adjunto la grabación, y envió el