Los ojos de Lugh se encontraron con los de su padre.
Cornelius tenía una mirada suplicante y un gesto de desamparo.
Se acercó a ellos, pero el recuerdo del pasado lo abrumó, no pudo seguir caminando, pensaba si aún le odiaban, bajó la mirada, observó sus manos, con ellas casi mataba a Marbella por conservar un secreto absurdo y cruel.
Mirò a su hijo. Ellos se acercaron.
—Hola, Cornelius, me alegra verte, ha pasado mucho tiempo, espero que estés bien —dijo Marbella, y le tendió la mano.
Èl l