—Creo que mientes, Vanessa, no creo en ti, ¿cuáles serán tus pruebas?
—Bueno, déjame contártelo, si no me crees, entonces no me pagues nada.
—Está bien, pero yo pondré el lugar donde nos veremos, no tú, no voy a atenerme a ninguna de tus sucias trampas.
—Vale, parece que la pobre Marbella se ha vuelto toda una fiera, ¿no?
—Con sanguijuelas como tú, cualquier se volvería una fiera, querida.
—Está bien, dime donde te veré y a qué hora.
—Más tarde te avisaré —sentenció Marbella y colgó la lla