—¡Yo no hice nada! ¡Soy inocente! —exclamó Marbella con desesperación.
Los policías la llevaron fuera de la alcoba, la mujer casi se echaba sobre el suelo, pues no quería ser llevada, entró en pánico, no podía más.
Clyde apareció, liberándose de la mano de la empleada.
—¡Mamita, mamita! Dejen a mi mamita, ¡no! —Clyde solo tenía tres años y no entendía nada, pero en su pequeña mente tenía pánico y lloraba sin control.
La empleada lo cargó, pero el niño no dejó de patalear y sollozar con miedo