Marina.
Sus brazos me sostuvieron en lo alto, sus manos amasaron mi trasero en tanto su lengua jugueteó con la mía dentro de mi cavidad. Con una lentitud torturadora. Saboreando mi boca a su antojo y llevándome a querer que fuera eterno el beso lleno de ese deseo que correspondí.
Gemí inevitablemente. Tensó sus músculos, podía sentir el calor de su abdomen trabajado chocar contra mí centro palpitante.
Lo quería, lo estaba disfrutando como nunca imaginé. Creí que no podría superar lo de México