George.
Tracé una línea en él plano que intentaba arreglar, luego de que uno de mis empleados cometiera el error de mezclar ideas que no concordaron como creyó. Odiaba los errores, pero más me molestaba que tuviera el tiempo contado para entregarlo y aún me faltaba la mitad.
Faltaban unas pocas horas. Por lo cual tomé la taza de café, bebí su contenido y continué el trabajo por otro par de horas.
Tenía el tiempo contado para ir por Marina a su universidad. Ya era una costumbre que se sintió c