Capítulo 10.
Marina.
¿Me estaba besando? ¡Estaba besandolo! Lo hacía y me estaba gustando. Como su ritmo lento, atrapante y cegador se ciñó sobre mí con gran poderío, siendo un sujeto capaz de dominar hasta mis neuronas con solo su toque.
Metió una rodilla entre las mías para separarlas, aproveché en poner las piernas a cada lado de sus caderas, en tanto sus manos me ahuecaron las caderas al enterrar sus dedos y presionarme con el bulto que palpé directamente con mi centro. Gimoteé de nuevo sin poder evita