Capítulo 49. Nunca fue fácil
En la habitación principal de la hacienda Arrabal, Egil toma su tercera copa de vino antes de darle el pase a Ana Lupot.
Adelaide mira a la joven y un sentimiento extraño se apodera de ella. Está hermosa.
—Por favor, siéntate —Ordena Egil luego de saludarla con un beso en su mejilla. Adelaide se estremece al ver la forma en que él la trata. Hace un asentimiento hacia él e intenta salir, pero Egil se lo impide.
—No dije que podías retirarte —Adelaide queda estática en la puerta—. Usted se queda.