Mundo ficciónIniciar sesiónIgnacio regresó de la oficina, y consiguió a Lucrecia en la sala; la mujer se veía algo angustiada.
—¿Cómo estás hijo? —Ignacio ya venía lleno de amargura y con sarcasmo respondió:
—Muy bien tía, ya sabes que estoy muy bien. —Se fue hacia las escaleras y Lucrecia con nerviosismo lo detuvo.
—¿Por qué no te quedas aquí un rato y charlamos? —Ignacio volte&o







