Capítulo treinta y uno. Nada ni nadie podrá separarnos
Hasan contempló el rostro sereno de Sienna, se había quedado dormida al final de la tarde luego de probar bocado.
—Hay que dejarla descansar, la ha pasado realmente mal —dijo Callie en tono bajo, mientras Hasan cubría el cuerpo de Sienna con una fina sábana.
—Todo esto es mi culpa, no debí traerla y lo peor es que cuando me di cuenta de que no debí hacerlo, no hice nada por llevarla de aquí. No hice nada para protegerla de mi madre —comento.
—Tendrás que perdonarme por lo que voy a decirte, p