Capítulo treinta y dos. Ahora y para siempre
Sienna intentó moverse, sentía el cuerpo dolorido, la posición en la que estaba no era la mejor, sin embargo, pronto se dio cuenta de que no estaba sola y que unos fuertes brazos se cerraban sobre su cintura y la cabeza de Hasan la presionaba sobre el hombro.
—Hasan —llamó ella con cuidado, quería levantarse y correr al baño, su vejiga pedía a gritos liberación, pero Hasan estaba profundamente dormido.
Sienna intentó apartarse de sus manos y alejarse lo suficiente para poder levantarse, pero su