Capítulo setenta y tres. Funeral
Los suaves toques a la puerta hicieron que Abdel dejara de lado los documentos sobre su escritorio y pronunciara un fuerte “pase”, para recibir a quien llamaba.
—Señor —pronunció el hombre haciendo una ligera inclinación, el cuerpo de Abdel Rafiq se tensó como la cuerda de una guitarra, pues no esperaba ver al jefe de la policía ese día en su residencia y menos a escasos días de la boda de Hasan.
—¿Qué lo traje por aquí? —preguntó, levantándose de su asiento y saliendo de detrás de su escritori