Capítulo setenta y dos. Sin arrepentimiento
Jenna sintió un profundo dolor al ver a su madre en aquella circunstancia, sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón se estrujó dentro de su pecho. ¿Cómo había pasado todo esto? ¿En qué momento su madre se convirtió en una despiadada mujer?
—Madre —llamó con la voz ahogada.
Zaida levantó la mirada para encontrarse con un par de ojos idénticos a los suyos, pero tan distintos a la vez, pues los ojos eran las ventanas del alma y Jenna era como un libro abierto.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con