Capítulo setenta y cinco. Curiosidad y desconfianza
—¿Estás bien?
Nayla limpió sus lágrimas al escuchar la voz del hombre a su espalda.
—Sí, no te preocupes —respondió con prontitud y, aunque era una completa mentira, pues su corazón lloraba lágrimas de sangre.
—No lo parece, ¿por qué no vienes a la cocina? Le pediré a mi hermana que te prepare un té —se ofreció.
Nayla había creído que quien le hablaba era uno de los invitados a la fiesta de boda, pero al girarse se encontró con el rostro de Ahmed, el hermano de Halima y nuevo asistente de Hasan