Capítulo ochenta y cuatro. Confesiones necesarias
«Azahara Hijazi»
«Azahara Hijazi»
«Azahara Hijazi»
Hasan sintió como si alguien le hubiese dado un puñetazo en la boca del estómago y una mano estrujara su corazón dentro de su pecho sin piedad. El nudo que se formó en su garganta casi lo asfixió.
—¿Qué? —preguntó con voz ahogada, mirando a su padre, esperando que él le dijera que era una broma, un chiste de mal gusto, pero la seriedad de su rostro y la tristeza en sus ojos le dijeron que no era ninguna mentira.
—Esa mujer que yació en mi cama