Capítulo noventa y uno. Decisiones
«¡¿Cómo puedes estar tan tranquila sabiendo que has besado a tu hermano?!»
Nayla abrió los ojos y negó de inmediato ante la conclusión de Ahmed. Ellos no eran hermanos, no existía ningún vínculo de sangre entre ellos, pero…, él no lo sabía.
—Dime, Nayla, ¿cómo te sientes? —le cuestionó ante el silencio de la joven.
—Estás equivocado, tú y yo, no somos hermanos —se apresuró a decir.
—¡Eres la hija de la mujer que dice ser mi madre! —gritó ofuscado.
Ahmed no sabía qué era lo que le estaba dañando