Capítulo 23. Todo se resuelve con dinero
Lucien está en el sótano. El aire es denso, húmedo, cargado de un olor metálico que se mezcla con el humo del cigarro que dejó encendido en una esquina. Sus manos están ensangrentadas, el puño derecho aún tiembla, y frente a él, el hombre que debía encargarse del incendio yace apenas consciente, con el rostro y el cuerpo irreconocibles.
—¿No te dije que nadie debía salir lastimado? —grita, con la voz cargada de furia.
El sujeto intenta hablar, pero apenas logra emitir un gemido. La sangre le re