La lluvia ligera de Londres golpeaba suavemente las ventanas del departamento de Edith.
La ciudad seguía despierta allá afuera, cubierta por luces amarillas y calles húmedas, mientras dentro del apartamento el ambiente era completamente distinto.
Cálido.
Tranquilo.
Y peligrosamente cómodo.
Edith estaba acomodando algunos planos sobre la mesa de la sala cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse.
Levantó la mirada.
Y segundos después Evans apareció entrando al departamento.
Pero había