Serena sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando los labios de Elion rozaron los suyos una vez más.
El beso fue voraz, cálido, bastó para acelerar los latidos de su corazón.
Sus mejillas se tiñeron de un delicado color rosado mientras él se apartaba apenas unos centímetros, sin dejar de mirarla.
Una sonrisa llena de confianza apareció en el rostro de Elion.
—¿Estás lista para ir a casa?
Ella tardó unos segundos en reaccionar. Seguía aturdida por la cercanía de él.
—Sí... —respondió casi