Elion sonrió con burla mientras sostenía entre sus dedos el informe que acababa de recibir. Había algo en aquella situación que le resultaba demasiado conveniente, demasiado perfecto para ser verdad.
Su expresión cambió apenas un instante después, cuando la puerta del estudio se abrió y su jefe de guardias entró con paso apresurado.
—Don, ya tengo aquí lo que pidió.
Elion levantó la mirada.
—Dámelo.
El hombre se acercó y le entregó un sobre sellado. Elion lo tomó con calma, aunque en el fondo de