Elion fue a buscar a Serena. Sin mediar palabra con los sirvientes que se apartaban a su paso, dio órdenes tajantes a la institutriz y al jefe de seguridad.
—Llévense al niño con la niñera. Llévenlo al ala de seguridad este y dupliquen la custodia —sentenció Elion con una voz profunda, ronca pero inflexible—. Y quiero a seis guardias de mi confianza apostados afuera de la habitación del niño. Deben cuidarlo como mi heredero.
Cuando Serena vio cómo la niñera tomaba al pequeño entre sus brazos, un