Elion no vaciló ni un solo segundo.
La ira había consumido cualquier rastro de compasión que alguna vez hubiera sentido por su propio hermano.
Empujó la puerta con violencia y entró en la habitación acompañado por una decena de hombres armados. Todos vestían de negro y llevaban los rostros endurecidos, preparados para obedecer cualquier orden sin cuestionarla.
El silencio fue absoluto.
Ruppert levantó lentamente la cabeza. Tenía el rostro pálido, pero al ver a Elion comprendió que ya no había fo