La enorme puerta del salón volvió a abrirse con un estruendo.
Todas las miradas se dirigieron hacia la entrada.
Dos hombres arrastraban a un hombre cubierto de sangre, con el rostro completamente hinchado por los golpes. Su ropa estaba hecha jirones y apenas podía mantenerse en pie.
Serena sintió que el corazón se le detenía.
Reconocería aquel rostro en cualquier lugar.
—¡Papá! —gritó con desesperación.
Sin pensar en nada más, corrió hacia él.
Lo sostuvo antes de que cayera al suelo y lo abrazó