La madrugada avanza obre la base asiática, pero dentro del complejo protegido ninguna actividad parecía detenerse. Los corredores permanecían iluminados, los hombres de seguridad ocupaban sus posiciones habituales y las puertas de acceso continuaban vigiladas por miembros que habían aprendido a reconocer hasta el sonido de los pasos de quienes pertenecían al círculo interno. En una de las salas privadas de la residencia, una pantalla de gran tamaño proyectaba la imagen de un despacho situado va