La enorme residencia de la familia King permanecía sumida en un silencio elegante que contrastaba con el lujo de cada uno de sus rincones. La luz de la tarde entraba suavemente por los grandes ventanales, iluminando los largos pasillos de mármol y las delicadas obras de arte que decoraban las paredes. Todo parecía transmitir calma, pero aquella tranquilidad estaba a punto de romperse de la manera más inesperada.
En la habitación que Margaret había preparado especialmente para ella durante el e