El bullicio del evento fue apagándose poco a poco mientras las familias abandonaban el enorme salón decorado con luces doradas, globos elegantes y fotografías de distintas campañas publicitarias. Sin embargo, Elena permanecía allí, revisando junto a los organizadores algunos detalles relacionados con la próxima campaña que Richard Collins había confiado a la agencia. Ya no era la mujer que esperaba a su esposo para sentirse importante. Ahora caminaba con seguridad entre empresarios, fotógrafos