La tarde comenzaba a teñirse de tonos dorados cuando Elena salió de una de las boutiques más exclusivas del distrito financiero. Varias bolsas descansaban entre sus brazos, aunque, contrario a lo que cualquiera pudiera imaginar, no contenían vestidos extravagantes ni joyas deslumbrantes. Había elegido prendas elegantes, sobrias y profesionales, ropa que transmitiera seguridad sin necesidad de llamar la atención. Por primera vez en muchos años no se había preguntado si a Sebastian le agradaría e