El despacho privado del patriarca King conservaba el mismo aire solemne de siempre, las enormes estanterías de madera oscura cubrían las paredes hasta el techo, repletas de antiguos libros de derecho, historia y economía que llevaban décadas acompañando al hombre más respetado de la familia. Sobre la chimenea descansaban retratos de generaciones anteriores, todos hombres que habían construido el imperio King con disciplina, ambición y una única convicción grabada en la sangre: la familia debía