C-22
Mientras tanto, al otro extremo de la residencia, Sebastian permanecía completamente solo dentro de la habitación matrimonial. No había encendido la televisión ni abierto la carpeta con los documentos que llevó desde la oficina. El inmenso dormitorio, que alguna vez estuvo lleno de risas, conversaciones y promesas, ahora parecía demasiado grande para un solo hombre. El silencio era tan profundo que incluso el tenue sonido del reloj antiguo colocado sobre la repisa de la chimenea conseguía result