Adam suspiró. Le sonreí.
-Hay que bajar. Ya nos esperan.
Y era verdad, un cúmulo de reporteros nos esperaban, yo llevaba puesto un traje azul marino de cuatro piezas, tacones stiletto y mi cabello recogido en una cola de caballo perfectamente alisada, me peiné en el camino, ya tenía práctica, Adam llevaba un traje del mismo color. Ambos con gafas oscuras.
Bajamos del auto y los guardaespaldas nos cubrían de toda la gente que intentaba meternos los micrófonos y cámaras por la boca.
-¡Señor Kelle