Una maldita pesadilla que algún día se hará realidad.
-¿Dónde estoy?
Le pregunté a mis empleados para calmar la incomodidad y porque realmente no tenía ni idea de dónde me encontraba.
-En su mansión señor.
Negué con la cabeza, no podía ser, esta no era mi habitación y además olía a ella.
Me senté y entonces me di cuenta de lo que abrazaba, era la ropa de Emma, de ahí provenía ese olor a galletas de mantequilla y azúcar glass.
-¿Qué hace la ropa de Emma..?
-Usted...
Una de mis empleadas habló temerosa.
-Usted nos pidió que guardáramos todas las pertenencias de la señora en una habitación lo más lejana a la suya que se pudiera y las hemos traído aquí...
-Ay... Ya veo.
Suspiré.
-Váyanse, ya estoy bien.
-Sí señor.
Se marcharon de aquella habitación dejándome con las pertenencias de mi gordita, la habitación era tan pequeña que ni siquiera tenía dónde ducharme, me pregunté cuál además de este sería mi castigo por haber tratado así a Emma.
Revisé sus cosas y encontré su ropa,