Me quitó el vestido con tanta lentitud que sentía que me torturaba, hizo lo mismo con su ropa mientras yo lo observaba, abrió mis piernas y comenzó a besarlas y morderlas, cerré mis ojos, arqueé mi espalda y enterré mis uñas en sus hombros.
Tomó mi entrada con su boca y grité de nuevo.
-¡Adam..!
¡Dios! ¡Mmm!
-Te amo Emma…
Eres… Deliciosa.
Me sonrió y continuó con aquella demandante labor.
Cuando estuvo satisfecho volvió a mí y nos abrazamos mientras me penetraba.
-¡Mmm! ¡Mmm..!
¡Adam!
Lo sentí tan placentero, no sé cuánto tiempo duramos, sólo sé que mi cuerpo se movía con desespero mientras Adam se clavaba en mí una, otra y otra vez.
A diferencia de las otras veces, esta vez lo sentí desesperado, fue excitante y ligeramente más juguetón y de repente agresivo, saben en qué sentido lo digo, no obstante había algo, una sensación al final, una sensación que me hacía sentir como si esta fuera la última vez que estaríamos así.
Tal vez era porque me había estado poniendo sensible, no