Luego de salir de la cama muy a la fuerza Adam se dirigió al trabajo y yo a mi pastelería.
-Cuidate amor, pasaré por ti a las seis para arreglarnos para la fiesta de despedida.
-Está bien...
¡MUAK!
Nos dimos un beso y nos fuimos, cada quien por su lado, llegué a mi pastelería e hice lo que acostumbro, el señor Bernard ya estaba ahí listo para desayunar.
-Buenos días señorita Emma.
-Buenos días señor Bernard.
¿Cómo está?
-Muy bien hija, me enteré que decidiste establecer una sociedad con Helen.
Eres un ángel Emma.
Por fin mi nieta podrá dejar de ser explotada en ese lugar y todo gracias a ti mi niña.
-Lo sé, no lo de ser ángel sino lo de dejar de ser explotada, yo también deseaba que Helen dejara ese lugar.
-Muchas gracias por todo lo que haces por ella Emma.
-No, no, no, gracias a ustedes por estar conmigo, por darme mucho cariño y apoyarme.
Los quiero mucho señor Bernard, jamás dude de eso.
Le preparé el desayuno al señor Bernard y mientras él comía escuché un alboroto