Tomé un baño de agua helada, pero mi temperatura no disminuía y mi deseo por Emma iba en aumento, esto era malo, muy malo, yo deseaba a Emma, pero no la tomaría de esa manera, ni inconsciente, ni por la fuerza.
Salí del baño envuelto en una bata y busqué mi teléfono desesperadamente, marqué un número.
Ya había marcado una primera vez cuando alguien había tocado la puerta de la habitación, suponía que era él o la susodicha que nos había drogado queriendo comprobar si ya estábamos inconsciente