Emma me miró por un rato más antes de decir algo que me avergonzó un poco.
-Estás empapado en sudor, deberías tomar una ducha.
Generalmente las chicas decían que eso era sexy, porque huelo bien, lo juro, pero Emma no, ella me hizo sentir como un simple mortal.
-Ja ja ja ja. Te ruborizaste.
Prepararé la tina para que tomes un baño caliente.
No quería soltarla, la apreté un poco más con mis brazos.
-Adam...
Suéltame, necesito preparar la tina y...
Se miró, aún llevaba puesto el vestido.
-Necesito cambiarme de ropa.
El vestido se arruinará.
-Puedo comprarte más, pero este momento no volverá Emma.
Así, los dos juntitos y abrazados.
-Pero habrá más, ya somos prometidos y nos casaremos.
Habrá momentos como este o mejores.
-Vamos Emma, sólo cinco minutos.
-Está bien.
Me miró con esos ojitos hermosos y un puchero, pero la convencí, no quería despegarla de mí.
Nos acurrucamos un rato más.
Se quedó dormida en seguida, su aliento cálido me provocaba cosquilleos en el pecho, era i