Mis ojos se abrieron, de un tamaño que los hizo parecer anormales.
-¡¿Qué fue lo que dijiste Emma?!
La miré buscando una pizca de broma o burla en sus ojos, no la había, había timidez, vergüenza, ansiedad.
-Yo...
Mentí cuando dije que no era virgen, lo hice porque sabía que si tú sabías que lo era sólo te interesaría una cosa de mí, después me usarías y me dejarías y yo lo habría perdido todo, porque para un hombre eso es muy importante y probablemente alguien de nuestro estatus no se casaría conmigo si yo ya no fuera virgen, por eso mentí, suena absurdo pero...
La besé y entrelacé mis manos con las suyas.
-Emma... No me importa si eres virgen o no.
No voy a negarte que si me importaba y que no estás muy lejos de la realidad, yo quería robar tu virginidad y cuando supe que no lo eras me decepcioné, pero también quería hacerte mía y demostrarte que nadie más que yo podía hacerte sentir tanto placer, suena ridículo ahora que lo digo en voz alta.
Pero esa es la cuestión y ya no im