Sacó de él algo que me dejó con los ojos cuadrados.
Era mi vestido, aquel que había usado aquella mañana en la que caí al estanque en su casa.
-Es, es... Es mi vestido...
Lo miré y él me sonrió.
-Lo es. Lo conservé desde ese día, puedes usarlo, está limpio.
Aunque creo que te quedará un poquito más suelto.
Yo, pensaba devolvértelo en el futuro.
-¡Eso es raro Adam Keller!
¡Raro, pero me gusta!
Sólo no lo vuelvas a hacer, ja ja ja ja.
-Ja ja ja ja.
Tienes mucha imaginación Emma.
Pero pensándolo bien, si es raro. Suena algo enfermo, prometo que no lo volveré a hacer, ja ja ja.
Ambos reímos, tomé el vestido y me arreglé un poco.
Bajamos juntos, nos encontramos a Joseph al inicio de las escaleras.
-¡Buenos días joven, señorita!
-Buenos días, Joseph.
-Buenos días señor Joseph.
-Llámeme sólo Joseph señorita, pronto usted será la señora Emma Keller-Smith.
Soy yo quién le debe respeto.
-¡Imposible!
Para mí siempre será el señor Joseph.
El señor Joseph me regaló una hermo