Mis manos la recorrieron, apreté mi cuerpo sobre el suyo y caímos sobre la cama, la acomodé completamente sobre ella.
Abrí sus piernas con las mías y me acomodé entre ellas mientras besaba su cuello; besos, mordidas, cosquilleos, Emma me miraba con los ojos abiertos, mientras se aferraba a las sábanas y yo recorría su cuerpo, su piel suave y blanca, su vientre plano y amplio, su entrada.
La probé, la besé, la mordí y ella respondió arqueando su espalda y gimiendo mi nombre.
-¡Adam!
Mmm...
¡Aaaah!
¡Uuuugh!
¡Siiiiii!
¡Adam!
-Emma... Mi Emma, mi dulce Emma.
-Mmm...
Dobló las piernas y me interné en ella por completo, acaricié su clítoris con mi lengua, estaba muy húmeda, su sabor, su olor, Emma me fascinaba.
Bebí de ella por más tiempo hasta que... Se corrió en mi boca.
-¡Adam!
Gritó.
-Lo... Lo siento.
-Yo no. Eres exquisita Emma, me encantas, me fascinas, me excitas mi amor.
Coloqué mis manos en sus caderas pero no la penetré, sólo quería sentir el contacto de su piel cálid