Mis manos la recorrieron, apreté mi cuerpo sobre el suyo y caímos sobre la cama, la acomodé completamente sobre ella.
Abrí sus piernas con las mías y me acomodé entre ellas mientras besaba su cuello; besos, mordidas, cosquilleos, Emma me miraba con los ojos abiertos, mientras se aferraba a las sábanas y yo recorría su cuerpo, su piel suave y blanca, su vientre plano y amplio, su entrada.
La probé, la besé, la mordí y ella respondió arqueando su espalda y gimiendo mi nombre.
-¡Adam!
Mmm...
¡Aa