La piel de mi mano me arde, pero no es lo único que arde con el toque de Leonel. También me arde el estómago y se lo doy a conocer atravesándolo con mi mirada. Él me dedica una sonrisa suave, después dirige sus ojos a su primo. Leandro por su parte carraspea y toma su cubierto.
—Nada en especial. Es impactante y grato tenerte de nuevo con nosotros Clara — dice.
—Gratísimo — alza su copa con vino Luciano.
Quiero que Leonel me deje de tocar, y fuerzo mi mano para salirme de su toque. Pero, Leonel