Ya sabía que no sería sencillo revelarle a Sara que Leonel era su padre, y aun pasando varios minutos después de esa revelación el ambiente continua melancólico. Padre e hija siguen unidos en un abrazo que no parece romperse, no han hablado más desde las palabras de Leo.
Me corresponde entonces intervenir en la situación. Me aproximo a ellos y me siento en la cama para darle el frente a estos. Toco la pierna de mi hija, pero ella la aleja.
—No me toques — pide sin fuerza.
Duele lo que me dice,