La sensación de vacío de mi estómago, sumado a la incertidumbre, no son tan largos como supuse. No moría como había supuesto en los dos segundos que duró mi caída. Más bien caigo en algo firme pero lo suficientemente blando como para no lastimarme.
—¿Lo escuchaste? — oigo a Leonel por arriba de mi cuerpo.
—¿Escuchar qué? — devuelve Victoria.
—¿Viene de aquí el ruido?
No sé dónde caí o cómo caí, pero lo que sí veo sobre mí es el cielo y las sombras de esos dos a través de un recuadro. Me muevo p