He perdido la cuenta de las muchas veces que la mano de mi hija ha apretado la mía en nuestra entrada a la mansión Brown. Nuestra primera caminata por su interior tenía a Sara mirando de lado a lado impactada por lo que observaba, no la culpaba, esta casa era extravagante e impresionante.
Las primeras veces que Leonor me invitó a su hogar, no paraba de pensar en lo mucho que se asemejaba a los palacios por dentro. No podía creer que alguien como yo, pudiese visitar un lugar así cuando quisiera.