A Margarita cada día se le hizo más difícil, peor con la presión de Américo, el argentino odioso que no estaba dispuesto a ceder y que insistía cada día para conseguir lo que él quería.
Ese día, Margarita se sintió más confundida. Era viernes y cada vez estaba más cerca del almuerzo familiar al que había sido invitada.
Corrección: obligada a asistir.
Los viernes, la joven nunca iba a almorzar puesto que, en las noches, salía con sus amigas a cenar y de fiesta, así que acumuló las ganas de comer