Lucca los miró a los dos con atención y se sintió incómodo por la forma en que el argentino le hablaba a la muchacha, con tanta confianza que, por algunos instantes creyó que tenían algo más.
—Ya me voy —dijo el argentino y abrió la puerta a toda prisa para arrancar—. Buenas tardes —se despidió tan incómodo como Lucca.
Lucca le miró desaparecer hacia su oficina con prisa y luego su mirada se clavó en ella.
Margarita estaba tan confundida que no le había quitado los ojos de encima ni un solo seg