La habitación estaba en silencio, pero la mente de Helen no. Caminó lentamente hasta la ventana y apoyó la frente contra el vidrio frío. La ciudad respiraba allá abajo, viva, ajena, indiferente. Cerró los ojos.
—Abigail… Amelia …— susurró sus nombres como si fueran un secreto que temía olvidar. Sintió el eco de sus voces, la suavidad de sus manos, la calidez que aún permanecía en su pecho. Intentó recordar el momento exacto en que las vio por primera vez, intentó profundizar más allá de esa se