Isa
No recuerdo haber entrado al estudio.
Solo recuerdo el sonido de la puerta al abrirse y esa frase —esa maldita frase— clavándose en mi cabeza como un eco venenoso.
“Ella no puede saber nada de esto.”
“Tenemos que seguir usando nuestros recursos.”
El aire se vuelve denso, casi irrespirable. Siento el peso de la carpeta en mis manos como si fuera una extensión de mi cuerpo, como si ese cartón lleno de papeles fuera ahora mi verdadera piel.
Gabriel se gira.
Sus ojos se encuentran con los míos.