CAPÍTULO 138
Camila no quiso esperar ni un segundo. Apenas salió de la mansión, tomó el auto y manejó a la casa de Santiago.
Quería enfrentarlo antes de que esa situación creciera más.
Cuando él abrió la puerta, no alcanzó a decir ni una palabra. Camila levantó la mano y le dio una cachetada tan fuerte que Santiago retrocedió.
—¿Qué demonios te pasa? —dijo él, tocándose la mejilla.
—No te atrevas a hacerte el inocente —respondió Camila, temblando de rabia—. ¿Cómo se te ocurre meterte con mi hija? ¿Qué clase de enfermo eres? Después de todo lo que ha pasado…
Santiago respiró hondo, pero no mostró arrepentimiento.
—No me hables como si fuera un monstruo —dijo—. Hope es mayor de edad. Me enamoré de ella, ella se enamoró de mí, yo no la obligué a nada.
—¡Es mi hija ! —gritó Camila—. Tiene veinte años, Santiago. Veinte. Tú sabes perfectamente cómo manipular a alguien tan inocente, te conozco mejor que nadie.
Él la observó fijamente, sin apartar la mirada un segundo
—No metas nuestro pa