La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma.
Simone Weil.
Adara se desliza con la espalda apoyada en la puerta de su dormitorio del hotel y descansa su cabeza en sus manos, apretándose, luchando con su mente que quiere encontrarse en cualquier otra parte, los dedos masajeando sus sienes para mermar ese dolor palpitante. Todo se fue al carajo en un santiamén.
Por primera vez está agradecida de que el mafioso que tiene por esposo la haya dejado a cargo de la llav