“(...) vuelto a ese mar de lo bello y contemplándolo, engendrará muchos bellos y magníficos discursos y pensamientos en ilimitado amor por la sabiduría” (Diotima, “El discurso de Diotima”, p.748.
Alexei estaba pasmado contemplando a la preciosa Adara caminar hacia él por el altar. Y no solo por su belleza, gracia o sensualidad: estaba muy seguro de que escaparía, después de ver su pánico al enterarse de la muy apurada boda. Las probabilidades eran de cien contra uno.
Si antes, en esa tienda par